sábado, 4 de octubre de 2008

Destino

El máximo riesgo que puedo correr, es olvidar que en la soledad de tu amor se esconde el árido secreto de la naturaleza humana. Y necesito tener la memoria suficiente para no olvidarte aun cuando nunca te he conocido. Olvidar tu piel, tus ojos, cuando nunca los pude besar. Como sufre mi corazón cuando tu cuerpo no fue solo mío o más que una idea de mi misma ilusión.
No volví a viajar desde que escondiste las valijas, no puedo aun respirar Desde que alejaste tus labios. Por eso estoy a tus pies, por eso olvidaste mi ser.
Cuando te vi pasar, con ese aire, con esos ojos, a la sed del mundo. No tengo idea como parar esta ilusión, este triste recuerdo. Te fuiste y no volviste. Cambiaste y no por mi. Me olvide de vivir. La ruta es nuestra, los autos nos miran pasar. ¿Acaso debemos escapar? ¿No es acaso nuestro amor fatal?
Un viento frío mueve tu pelo, ya la orilla nos trata mal y el sol se escapa, nos dejo una pena para amar. Vamos nos de aquí, el sur nos llama a olvidar, a que le demos nuestro amor.
Quiero recorrer tu cuerpo, pasando por todos mis sentidos y hundiendo mi piel en el aroma dulce de tus cabellos. En el movimiento de tus ojos, disfrutando el placer de tu cuerpo, que penetra el mío, uniéndose en sudor, uniéndose en el sopor de la pasión. El goce de los cuerpos jóvenes, tensos y sensibles, vibrando, gimiendo, de sueños, de pasión, de sexo, de amor. Por su clandestinidad de la naturaleza o solo por los besos de a tus ojos rebeldes, sonreímos al amar, al despertar, desnudos en la espalda del destino. Ese dragón tan severo que nos odia y nos conduce a olvidar.
En esta imagen veía como la sangre descargaba en mí su último aliento, el vino abierto se veía tirado en los ojos y la gravedad de mi solitud solo la notaba por el vértigo de estar parado. tu sonrisa me delata. Tu tiempo se acaba. ¿Que hacer? Nada, solo amarnos hasta el final. Que difícil es vivir sin ti en mí, sin la presencia de ti, solo con la ausencia de tu presencia y quizás presente en mi mente.
En algún lugar perdido estamos los dos. Prometeme olvidarte quien sos y donde estas, mírame con tu piel desnuda y deja que tus ojos me digan lo que hacen en tu corazón mis lagrimas. No me mientas, ámame, mas que a el, abrázame mas que a el, seca mis lagrimas con tus labios solo a mi y mas que a el.
Ámame, te pido, por que mañana olvidare mi nombre y no estarás para recordármelo.
Mi cuerpo sufre debilitado por el daño moral, estoy roto como el vidrio de la franqueza. De a poco las grietas que se concentra en la parte más central de mí ser empiezan a hacer presión, empiezan a caer dentro, a morir en mí. No puedo conservar mi fe, no puedo seguir así. Ya creo mejor dejar de pelear y comenzar a vivir. Unos años, unos días, unas horas, algún segundo, contigo es suficiente mi amor.
Escuchando música me transporto a mi propia realidad, a una realidad compartida y mejor. Entre las almas de los amantes floto. Si el amor eterno de tu mano cae en la melodía de mis oídos, siento la mas magnifica experiencia de amar. El amor que vibra en tus labios, advierte a corta distancia la traición de tu sexo, el temor de tus ojos y así tu imagen desaparece. Entre los calidos vidrios vemos la lluvia caer sobre los árboles mientras el viento, tal como el destino guía sus gotas, caen en los lugares mas necesitados. Es así como con tu piel desnuda entre mis brazos veo el infinito, esperando lo inevitable. La confesión final que cerrara una vida y mortificara de nuevo a mí ser en la búsqueda de un verdadero final. ¿Acaso es en mi mente que tu corazón me miente? ¿O es acaso el miedo de vivir lo que confunde mi piel? Sin saber estoy a tu merced.
Solo ayer podía decir. Sonríe de nuevo el amanecer, nos encuentra enamorados a la luz de la luna, viendo pasar al futuro borracho del presente. Cuantas miradas me cruzas y yo tan inepto no se hacer mas que mirar mis deseos pasar y reírse de mi entupido corazón. Son aquellos los paseos que aspiro, son esos los deseos donde tú recuerdo descansar en mi mente. Y es así como me despido mi amor, sin haber podido abrir el corazón, sabiendo que el temor de perderte enterraba el temor de nunca haberte tenido. Escribiría si estas líneas en mi pasado pero tu piel elevan mi cuerpo a un lugar donde solo habita lo sagrado, donde solo puedo ser yo. Aquella mascara desgarrada que temo quitar, es así como te pierdo amor. Sin siquiera haberte tenido. Con el sabor a miel de tus ojos en los labios Por eso quiero que sepas que fue mi mayor deseo la tristeza de la desilusión. De no poder enfrentarte solo para mediar una tregua idiota con mis miedos. Amor no te conocí pero te perdí. Por eso extraño lo que nunca tuve. A vos. Tu verdadero ser.
La salvación era solo mía. Miraba el horizonte montañoso mientras decidía que hacer con mi inútil existencia. Pero para que comprendan mi historia buscare en mi alma el relato de mi tragedia, también llamada vida por muchos que no recuerdan respirar antes de nadar. Vamos a obviar mi niñez, iremos directo a los eventos que causaron mi muerto que todavía no llegaba. Para ustedes mi nombre será un misterio, pero como los humanos nombramos todo seré Gabriel. Si por curiosos quieren saber mi nombre, mis iniciales son LBC, y si ven lo suficiente y leen con cuidado encontrar mi nombre y también quien soy. Porteño como Gardel nací en tierra extranjera, para conocer mi hogar en la gloriosa corrientes y agüero, barrio del abasto y cuna de grandes hombres. Allí, no solo crecí, sino que aprendí a amar, odiar, olvidar y por supuesto cantar. Con guitarra en mano, sombrero puesto, cantaba los tangos de mis héroes que retumbaban en las paredes de bulines de cuarta y caía en oídos de prostitutas baratas. Sin saber que el fin de mis nunca conocidas alegrías llegaba, dispuse así mi pena, la de mi muerte.
De nuevo torne mi mirada a la ventana, ya que nada mas quedaba. El engaño era claro, mis intenciones más que predispuestas. Termine de cenar, cepille mis dientes y deje en orden todas mis cosas.
Nada mas espere el momento del crepúsculo, me senté sobre las sabanas donde ella me engaño y llame al destino. Con su frío sentir, con su metálico sabor ingreso a mi boca. Falico, duro, frío y tieso. Así se sintieron los últimos momentos. El frío sabor del metal hacia denotar el temblar de mis manos. El gatillo pareció eterno. Para que sepan, el gatillo tiene un recorrido, donde sube su fuerza hasta descargar su mortal bendición. Así en los últimos momentos pude ver su imagen arrodillada sobre el regazo de otro y tomando el placer de su sexo. Pude olvidarme, pude recordarla y dejar una lagrima en este mundo.
Cruel, feliz, este mundo al fin. Viví mucho, pero morir fue demasiado. Te espero allá, donde el perdón es eterno y mi vida no se cansa.
Me elevo.
Siento el viento pasar por toda mi alma.
Estoy más allá.
En donde no se.
Te espero.
Te amo.

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