miércoles, 8 de octubre de 2008

El legado

Al final sus últimas palabras fuero lo ultimo que entendí, pero lo que dio sentido a mi vida.
El cambio fue entero y eterno, fue lo que generó el exilio propio de la sociedad. Esas palabras son aun hoy lo que resuena en mi oído como una melodía aun hoy.
Estas palabras fueron claras. “Tus deseos son tuyos.”
No necesité escuchar más para despachar mi vida de alcohólico empresario, vender cada mentira de mi vida y partir en un viaje. Su destino, de este viaje tan amado, era encontrar donde estaba, traerme y ser feliz. Mucha gente cree que encontrarse es solo encontrar un estimulo que los vuelva a su vida con la energía suficiente para afrontar sus miedos, pero este no era el caso. Ya que las aras de mi libertad estaban llenas de suspiros, era claro que el camino seria el destino a seguir.
Mis compañeros de viaje fueron solo ropas viejas y el eterno cielo de estrellas. Este cielo hermoso y negro me llenaba de confianza, me hacia sentir el amor de pisar lo desconocido, amar mis sueños de paz. Estos sueños se veían reflejados en las estrellas. Estrellas que formaban la única protección de mi corazón. El hogar de los Ángeles, las estrellas titilantes me guiñaban en búsqueda de complicidad, en búsqueda de entendimiento y en la esperanza que les de algún consuelo.
Al alejarme de la civilización olvide los recaudos de las vidas normales y fue feliz de vivir viajando. La vida de las necesidades no existe. Es solo una mentira que nos generamos para poder sobrevivir día a día. Nos olvidamos que la forma de vivir no radica en nuestras necesidades sino en la forma de vida que decidimos y que compartimos con el resto. Fue hermoso, comprendí todo cuanto veía. Iluminado por las estrellas bailaba la naturaleza a mis pies. Luego uniéndome a la melodía de los astros azules, comencé a bailar, comencé a entregarme a la alegría de vivir. Que hermoso baile a la luz de la luna, es tan caótico y ordenado bailar entre estas montañas, abrazando por la cintura las caricias del rocío y las montañas. Con el gigantesco y sensible sol que se acostaba en las montañas y bañaba de oro los ríos que serpenteaban los bosques de vida. Bosques verdes que llenaban el paisaje de un hermoso camuflaje de naturaleza.
Pocas cosas extrañe de la civilización, entre ellas fue su companía, que como si fuese mi padre, continuo a mi lado dando me lo mejor de si. O por lo menos lo que creía que era lo mejor.
No fue hasta la hora de su muerte que vio la verdad y saco cuentas de por, por lo menos, medio siglo mal vivido. Alguna vez eh visto jóvenes morir por su espíritu indómito y sus ganas de vivir las vidas que eligen sentir. Pero el no lo hizo. Media vida dedicada al deshielo de su corazón, ese que nunca llego.
Y yo aquí en el medio de lo mas importante del mundo, gracias a el. El me había dado la enseñanza que miles de vidas no comprendían. Lo sueños son tuyos, no para soñarlos sino para vivirlos y hacerlos realidad. Cuando no tenemos sueños el sueño más grande al que podemos aspirar es soñar.
La luz tenue del atardecer me arropaba entre las hojas del otoño. Dulce es su manto de amor en el cual los humanos nos escondemos, nos cobijamos de amor, de sentimientos puros maternales.
En ese mismo momento una lágrima de tinta recorría la hoja de mi diario, mientras que mí corazón, tal como una herida en invierno, presagiaba la tormenta de mis sentimientos.
Esa tormenta eran mis deseos. Entre la lejanía del paisaje la vi pasar a ella como si fuese una princesa. La princesa de la que yo hablo es de esas que roban los corazones y no se van de las mentes hasta que su recuerdo es demasiado vano.
Cuanto amor por ella, cuantas miradas eternas. Estoy seguro que el amor de todo hombre duerme en los ojos de su amada y esta no era la excepción.
La canción con dulce melodía, pero con ritmo in entendible, nos hacia uno, nos mimetizaba con el eterno paisaje. Sin saberlo, el ángel del que hablo, pasaba por el dulce verde de los bosques. Sin quererlo, ella quedo en mi corazón. Sus alas fueron mías y junto a ella recorrí el cielo azul. Me eleve dentro de sus ojos y vi como desde lo mas alto del mundo se veían los corazones. Fuimos a través del mundo yt con su abrazo hizo eterno las noches de amor.
Mi ángel era único, eterno, celestial. En cambio yo era humano y por ello envejecía. Mi ángel siempre era igual, sin cambiar su destello de hermosura. Su manto y su pelo eternamente joven me tocaban las arrugas de la vida humana. Esta hermosura me baño hasta el día de mi muerte, cuando con ella dije mis ultimas palabras.
Dije lo mas intenso de mi ser y lo dije para que sus alas lo lleven por el mundo.
“los deseos son tuyos” Y ella se alejo.
Mi alma dio un ultimo viaje en sus alas. Ella recorrió el mundo. Hoy cuando una estrella nos guiña, es tu deseo, que nos hace eternos.
Hasta que nos encontramos.
Y ahí lo hacemos.
Deseamos desear.

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