viernes, 3 de octubre de 2008

Ficcion?

No sentía nada o bien lo sentía todo. Mi cuerpo no daba forma, como si un mar fuese parte de mí y quisiese a su vez inundarme con sus aguas. Abrí el visor y solo encontré un desierto, no había ente visible, solo tierra y cielo. El viento débil jugaba con mis dedos. Ayer habíamos perdido tres hombres, no sabíamos que les paso cuando dejaron el fuerte. Ahora era mi guardia y por mis nervios pasaban amplificados los voltios de mi miedo amplificados por las pastillas. Ya habían pasado 29 años desde que creamos la resistencia y la pastilla fue la base de nuestra supervivencia.
Cansado de caminar lleve mi cuerpo pesado hacia el punto de encuentro, parece que ya no habría actividad de los infectados por la zona.
La base era un castillo antiguo situado en el corazón de los montes de Córdoba en argentina. Eran hectáreas de montes y lo constituían 6 torres medievales que sirven de vigía, acompañadas de 4 murallas para protección. No éramos muchos, pero tampoco quedábamos demasiados no infectados. Seguramente no superábamos 4 millones en el mundo solamente sobrevivimos en America los que vimos el virus llegar tarde.
Nadie iba a creer que nuestra propia existencia de humanos nos iba a llevar a utilizar armas de ese tipo entre nosotros, pero no hubo perdón ni piedad para quienes creímos. Esta fe tan confusa nos dejo creer que las armas que tenían en oriente no las iban a lanzar y sin embargo aquí estoy, en medio de lo que ahora es un desierto, que antes verde y lleno de vida me daba vigor suficiente para vivir.
El final no estaba lejos, las campanas tocaban ya sus últimos adioses para nosotros, pero si caíamos no lo haríamos sentados.
De aquellos que sobrevivimos más de la mitad fue un grupo armado repartido por todo el mundo para crear una nueva especie. El resto nos repartimos la responsabilidad de sobrevivir entre los que no sabíamos pelear y los que no pudimos.
El mundo ahora estaba dividido en mí y el pasado. El futuro era yo, aunque ya no quería existir. Añoraba el día en que una bala atravesara mi cuerpo y me dejara inmune de este sufrimiento, pues parecía que quienes se infectaban y morían eran mas dichosos que quienes sobrevivimos.
Volvía caminando al fuerte cuando sentí la mas dulce de las sensaciones, los aviones pasaron rasantes por sobre nuestras cabezas y desde lo alto de la montaña vi moverse el pasto cual pelo de un amor eterno se mueve al compás de la brisa. Pareció eterno ese momento, silencioso, noctámbulo, eterno. Ahí siento mil flechas atravesar mi cuerpo, mil avispones de metal, mil adioses para el final. Así sentí recubrir mi cuerpo por una calidez, dejar así el recuerdo.
Mi sonrisa perduro, la felicidad no era posible a menos que me rindiese. Pero aun recuerdo cuando me aleje, cuando subí cual espiral por mis pensamientos. Ahí encontré lo eterno, ahí viví en las llanuras, vi morir a los hombres, dejar el mundo en paz y abandonarlo. Lo que habían utilizado para vencer al resto había terminado por acabarlos a ellos también. Hoy sigo viajando por el viento, miro desde arriba a los animales, miro desde arriba las plantas. Me siento en la punta de un árbol, miro desde arriba y canto.
Aquí soy feliz.
Soy eterno.
Soy.

In my tree by ~elderoftimes on deviantART

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